Luna blanca y estrellas de cristal para tu magia

martes, 24 de abril de 2018

Densidad

El yunque, amarrado a mi alma.

Los ojos,
ante caminos que se bifurcan,
se cierran y abren ansiosos,
nerviosos.

Me vuelvo fiera hambrienta,
queriendo devorar el mundo
que se abre delante de mí,
de par en par,
dispuesto a mojarme
con el agua francesa,
alemana,
italiana,
rusa.

Queriendo leer,
oír
poesía en todos los idiomas,
aquellos que se dicen con palabras
y también los silenciosos,
los que ocurren de noche, en un bar,
en una calle oscura,
los que ocurren sin monedas en los bolsillos,
con frío en la piel,
piel de gallina.

Miradas perdidas,
pies cansados.

Y el yunque,
que pesa,
atado al piso de la oficina,
tira,
tira,
tira
hacia abajo.

No hacia China,
no, ojalá fuera hacia chica.

Este yunque tira
hacia el centro caliente y aniquilador de la Tierra,
al magma cuyo fin
es ser
solo roca inerte.

Y un mundo que se abre
ante mis ojos rojos por la luz de la computadora,
pero que, a pesar de todo,
aún
huelen la tierra mojada.

Cuerpo que se estremece
ante el viento que lo roza,
y susurros en los oídos
que lo impulsan a saltar a lo indebido
cuando lo cree correcto.

(¿Qué es lo correcto?)

Todavía,
me enorgullece decirlo,
estos ojos quemados ven.

Y
mi hambre crece.

Los pies toman fuerza,
se ramifican los nervios,
las células se duplican en un festín evolutivo,
trascendiendo hacia...

Trascendiendo,
hacia delante, hacia atrás,
extendiendo los miembros
hacia los puntos cardinales,
inhalando lo puro,
dando de comer al corazón,
fundiendo el yunque.