En mi mano,
en esta palma cerrada,
suave como algodón,
tengo una palabra no dicha,
de esas que raspan,
golpean contra todos lados,
alborotan,
rotan,
de esas que son
puro trote de corazón,
un brote a pleno sol.
La razón, sin contemplar,
puede,
sí,
que mi mano sea muy pequeña.
Sin embargo,
esta palabra es inmensa,
de acá, dando toda la vuelta al mundo, hasta acá.
Ufff.
Si mi palma guarda una palabra inmensa,
guarda tantas otras cosas.
Mis palmas son el universo,
el recorrido neto
que mis pupilas registraron
desde mi nacimiento hasta hoy.