Luna blanca y estrellas de cristal para tu magia

martes, 29 de mayo de 2018

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No entiendo
qué es lo que el futuro,
el presente,
el pasado
le reclaman al tiempo.

Trato de comprender
lo fugaz de cada encuentro
y la velocidad con que
las agujas recorren la circunferencia del reloj,
inerte,
colgado en la pared,
insulso.

Esto marca,
segundo a segundo,
lo que se nos fue de vida
y trata de acercarnos
al momento que no llega,
pero que se avecina.

Estoy a pocos pasos
de tocar
el tiempo.

La yema de mis dedos
comienza a consumirse,
mi cara se despega
del hueso,
mi carne
se degrada,
mis pies se despegan del suelo
y mi cabeza,
que no para.

Solo queda la materia cerebral
que
sigue
y sigue
y sigue
y sigue
y sigue
y sigue,
girando en torno
a un solo suceso.

El cerebro
es lo último
en prenderse fuego
,
lo último
que se consume.

Mis manos agarran por la frente a mi cabeza,
la empujan hacia arriba
y se despegan en sentido al cielo.

El hilo que sostiene al cuerpo,
a esta bolsa de huesos,
está por cortarse,
por desprenderse del centro.

Morir.

Y el tiempo, agarrando mis pies,
tirando,
tirando,
tirando,
mientras me pide que frene,
como sin quererlo.

Mientras me pide que frene,
me pongo ansiosa.

Quiero ver
a dónde me arrastra,
cuál es el final
del camino.