Luna blanca y estrellas de cristal para tu magia

sábado, 15 de septiembre de 2018

VIRTUALIDAD

En la era cibernética
me dejaste,
y ahora guardo los videos que te pasaría por Instagram
y trato de buscar tu nombre,
pero,
como me bloqueaste,
de tu vida me bloqueaste,
no lo veo.

De-
sa-
pa-
re-
ci-
do
estás.

¿Será realidad la vida esta
fuera de la red,
en la que puedo, tal vez, cruzarte en una calle,
en un bar,
o tu imagen estaría pixelada,
como en ese capítulo de Black Mirror?

Uff, no lo sé,
ya no lo sé.

Comienzan a borrarse tus rasgos de mi memoria de 16 GB,
comienza a desintegrarse el rollo de la analógica
en la que alguna vez compartimos el espacio
plástico de una foto.

¡EU!
Me bloqueaste
y es mejor, tal vez.
Puedo pensar ahora:
no te veo

y te quiero.

Y si estás bien,
bloqueame de tu vida también,
de la real,
de esa vida paralela
de la cual nos olvidamos a veces
y es tan pura.

Esquivame
y no me mires,
que me muero de amor.

EU,
sí,
me derrito
y quedo como una mancha en la calle.

Hay un punto ciego, como el de las cámaras,
en algunos trabajos,
donde podés pararte a rascarte la oreja
o tomarte un mate.

Hay un punto ciego,
así como ese,
donde se cruzan la vida real
y la vida cibernética.

Ahí, en ese lugar,
tu imagen se anula.

Es como una suma de vectores:
empujan de un lado,
empujan del otro,
y chau,
me fui.

Pausa

Deteniendo el tiempo,
en medio del movimiento,
logro ver que todo
avanza hacia la nada.

Apresuradas acciones
que generan reacciones
vagas,
efímeras.

Todo se mueve en la inercia misma de una vida que avanza
hacia la mínima energía
y el máximo desorden.

La vida,
el orden,
tienden a desordenarse y disminuir su energía.

La atracción se disipa
y deja nubes cargadas
de tensión entre los polos.

Desde la estaticidad de mi yo en un banco de madera,
y los ojos abiertos,
bien atentos,
veo esto:

cómo lograr que la rutina no consuma,
que la falta de dinero no dé hambre,
que el tiempo no se escurra
y, si se escurre,
que sea entre manos sin arrugas,
porque, si no, ya será tarde.