Luna blanca y estrellas de cristal para tu magia

miércoles, 8 de abril de 2020

Amor líquido

¿Verdaderamente elegimos lo que se va de nuestra vida?

Deteniendo el tiempo,
en medio del movimiento,
logro ver que todo
avanza hacia la nada.

Apresuradas acciones
que generan reacciones
vagas,
efímeras.

Todo se mueve en la inercia misma de una vida que avanza
hacia la mínima energía
y el máximo desorden.

La vida,
el orden,
tienden a desordenarse y disminuir su energía.

La atracción se disipa
y deja nubes cargadas
de tensión entre los polos.

Desde la estaticidad de mi yo en un banco de madera,
y los ojos abiertos,
bien atentos,
veo esto:

cómo lograr que la rutina no consuma,
que la falta de dinero no dé hambre,
que el tiempo no se escurra
y, si se escurre,
que sea entre manos sin arrugas,
porque, si no, ya será tarde.

Paisaje

Las calles están infectadas,
apestan a colillas de cigarros,
al fracaso del amor,
a amor barato.

Apestan a idas y vueltas,
a cuestiones inconclusas,
a un adiós que giró sobre sí para ver cómo se alejaba la esperanza.

Caminando las calles,
respirando el humo negro del colectivo,
absorbiendo el rayo de sol que se refleja en el cemento:
¿realmente querés toda tu vida esto?

Tu piel quiere despegarse del hueso.
Cerrale las heridas y dejá que crezca eso que nace desde adentro para remontar vuelo.

Las calles hierven este verano,
el agua se escurre en los recovecos,
en un desierto de cemento.

Vemos
cómo se escurren los sueños.
¿Realmente bajás cada tanto tus sueños al suelo?

Te esperan caminos nuevos,
nutridos
y frescos.


La plásticola no pega el vidrio roto

No se puede retroceder.
No se puede rearmar lo que hace tiempo perdió el orden.

La pieza está rota y ya no encaja.

No se puede recuperar,
no se puede dar forma,
no se puede pegar,
no se puede coser.

Pero se puede recordar.

Los recuerdos llegan sin pedir permiso,
como pretendiendo que todo eso
que no se puede
se pueda.

Y ahí
empieza a supurar la herida.

Las lágrimas caen,
la boca se frunce,
los ojos se achinan.

No se puede unir,
no se puede coser,
no se puede,
aunque quieras,
aunque ames,
aunque hables,
aunque llores.

Menos se puede si buscás.

Y ahí es cuando los ojos se achinan,
recordando todo lo que fue.

Y ahí, la herida, supurando, te invierte,
y ya sos vos en el recuerdo,
y ya dejás y te vas y no sos,
y te acostás y pensás
y querés llorar.

Hay que aceptar
que lo perdido
casi nunca vuelve a recuperarse.

Excepto las llaves,
o la plata,
o unas medias.

Pero nunca vuelve
un te amo,
un te quiero,
un amor.

Los poetas comen mucho Ángel en mal estado

¿Qué es lo que nos queda entre el hueso y la carne?
¿Qué nos separa la mollera del peso insoportable que aplica sobre nosotros la gravedad,
la altura,
el tiempo?

Mochila que cargo y me aplasta.

Preferiría llevar la masa
de una estrella en mi espalda,
pero no,
solo llevo
esta bolsa de huesos,
esta carne vacía.

¿Qué es lo que queda
en lo oscuro de un pozo?
¿Qué se encuentra en lo negro?
¿Qué brillo resplandece?

No encuentro,
no te encuentro,
no me encuentro.

No
los
encuentro.

Mi alma necesita que la adopten,
que la mimen,
acaricien,
amansen,
amen,
quieran.

Y no hay nadie
más que yo
que pueda hacerlo.

Y yo no puedo.

¿Entonces?
¿Qué es lo que queda?

Entre mi corazón y el vacío
no hay puente
de unión.

Reflexion

Tal vez la ansiedad sea
por no saber qué hacer con tanto tiempo por delante.

Tal vez el miedo sea
que los caminos te separen de la gente que querés.

Crecemos,
queremos,
nos alejamos.

Nuestros intereses bifurcan el trencito
para que cada uno siga y llegue a su destino.

Nos preguntamos y miramos el reloj,
caminamos y miramos el final de la calle,
miramos el pasaje,
y, cuando levantamos la vista, ya nos encontramos de vuelta.

Vamos,
venimos,
volvemos,
así, constantemente.

Queremos,
amamos,
nos vamos.

Nadie nos explicó cómo despedirnos,
por eso partimos sin saludar,
sin advertir nuestra ausencia futura.

Nos esperan futuros llenos de aventuras.
Espero cruzarnos en alguna.

Queremos,
amamos,
nos vamos,
desaparecemos.

Miramos por la ventanilla paisajes nuevos,
escuchamos idiomas extraños,
pronunciados de manera llamativa,
mientras el viaje transcurre,
los recuerdos serán los anfitriones nominados al Oscar.

Algo queda de ese “quien” que conocimos en un lugar X, en un momento A de nuestras vidas.

La serie de sucesos que se desencadenaron luego,
sin duda,
no fueron los mismos que sin dicho encuentro.

Es imposible
pasar por la vida de alguien
sin dejarle un pedacito de uno.


Dónde todo existe no hay narración posible

El calor infinito recorre mi cuerpo.

Todo se acerca,
todo se concentra
en este par de imágenes mías,
en este ahora optimizado.

Decimos más de lo que hacemos.
¿Por qué no comenzamos a hacer más de lo que decimos?

Buscar,
queriendo encontrar.
¿Por qué esta búsqueda se vuelve laberinto?

¿En qué punto los caminos se separan?
¿Quién olvidó prevenirnos
acerca de esta bifurcación apresurada?

Extrañar.

Cómo se extraña la niñez,
cómo se recuerda el aroma de una flor,
con cierta nostalgia.

Un hermoso paisaje:
no hace falta tocarlo para saber que está allí.

Negativos

El pasado me tienta,
me enrolla.

A veces me baja,
a veces no tanto,
a veces me embola,
a veces me entretiene.

Los recuerdos se cruzan por mis ojos,
las imágenes me transportan,
y se suelta de mi gesto una sonrisa idiota.

Escribo y las letras sienten un leve deseo de ir en reversa,
pero ponen primera y aceleran en línea recta,
llegando a una meta
no tan ganadora.

También, a veces, giran en torno a una palabra
y no le permiten salir de ahí;
la rodean,
la observan,
temerosas de crear significados,
de significar algo.

El pasado a veces da ganas de crear,
y es cómico pensar
que creamos para el futuro y el ahora,
un poco nutridos de ayer.

Redondeo los labios,
tratando de pronunciar
lo escrito,
y el sonido es mudo.

Parece que las palabras no quieren sonar,
sin embargo, se dispersan mudas en el aire
y mueven el mundo
de a poco.

Lo que era ya no es.

Establezco nuevas metas,
distancias lejanas a las cuales mirar con deseo.

Tengo poco,
pero basta.