Hoy me acordé de vos
mientras el viento y las gotas
enfriaban mi cara,
mientras la gente corría escapando de ello,
mientras el cemento evaporaba su calor,
mientras las ruedas de los autos
le ganaban a la quietud del mundo
que, a pesar de estar girando,
está quieto,
quietísimo.
Hoy te recordaba
y olía madera,
como una estela
en el recorrido al trabajo.
Hoy
te
recordaba,
me acordaba
de vos.
Todo lo palpable y todo lo sentido,
lo que flotaba alrededor tuyo
cada vez que sonreías.
Y la lluvia me acompaña
en esta tarea del recuerdo,
me cala huecos en el tiempo que hoy tengo
para que pueda pensarte
sin interrupciones,
darme a esa tarea,
por completo.
Me dejo acá pensando
mientras mi cuerpo sale a comer
o caminar,
a seguir la inercia,
a pesar de que no estás.
La estela del perfume a madera
viene acompañada
de un violín,
un bandoneón,
una guitarra,
y tu voz
cantándome un tanguito,
susurrando un tanguito,
mientras los fideos llegan a su punto
y la vieja te ceba unos matecitos.
Mientras todo se apura un poco,
vos marcás el ritmo diferente.
Hoy te recuerdo,
pongo las manos rodeando mi pera
y te pienso.
Sonrío
y escucho a Goyeneche.