Luna blanca y estrellas de cristal para tu magia

viernes, 6 de abril de 2018

No puede frenarse la lluvia
Cuando ya emprendió su caída
Cuando está rozando el suelo

La serie de sucesos se desencadena
Con total fluidez
Delante de los ojos carnívoros
Delante del hambre
Del frío
Del amor bajo un paraguas negro
Prendido fuego

Nadie puede calmar
La tormenta.

Camino al trabajo,
Bajo un techo cálido,
En la calle sin abrigo,
En un viaje sin destino.

Rueda
Y los minutos caen amarrados a las gotas
Pilotos del agua
Estallan en el suelo
El cemento baña su estructura.

"Te amo" dice ella al chico en la escena del paraguas y la lluvia

Y
Nadie puede frenar el film.



jueves, 5 de abril de 2018

Late

Tengo un corazón en mis manos.

Lo observo distante.
Paso las yemas de mis dedos
por su superficie,
fría como hielo,
suave como
suave, solo eso.

Lo giro.

Hay venas huecas donde
mi dedo puede entrar
y
buscar
rastros de la sangre que lo hizo palpitar.

(Cuatro cámaras:
dos procesan
mientras dos se vacían,
las otras dos se llenan.

Por las arterias
corre la vida
que el cerebro ordena.)

Vuelvo a girarlo
mientras mis ojos,
atónitos,
brillan
como
su
superficie
suave.

El corazón que tengo en mis manos
es grande como…
como un mango,
como una manzana roja de supermercado.

Este corazón,
ahora frío,
latió, quizás, muy fuerte,
hasta casi reventar por la diferencia de presión.

Este corazón le dio vida a un cuerpo
que amó,
odió,
corrió,
respetó,
estudió,
viajó,
ganó,
perdió,
comprendió,
murió.

Y ahora, objeto de estudio
para gente que transita el mismo proceso,
yace sobre una mesa de azulejos blancos.

Mil manos lo tocan por día,
mil dedos interrumpen lo que fue, entonces,
un cauce de sangre para la vida.

Conservado perfectamente
por los días de los días,
hasta que otro corazón se muera
y sea donado a la ciencia.

Mis manos lo giran nuevamente
y lo dejan,
solo y frío,
para observarlo
desde la perspectiva del vivo humano.