Si algún día
deja
de entre las sierras fluir el agua,
espero no estar ahí para sentir la aridez.
Si el sol
toca el espejo diluido,
solo espero
que lo acaricie y siga
rumbo a su áspero destino.
En la llanura inmensa,
como en las altas cumbres,
la alfombra verde
cubre todo rastro
de resquemor.
Solo espero
que el agua corra libre,
que fluya,
siendo solo un cauce en constante evolución.
Si al caminar las sierras
sentís en tus pies calor,
es la Pacha que late,
es su sangre que corre.
Si arrancás de su tierra un gajo,
dale de beber vino de tu rancho,
acariciá sus tallos.
El ápice de cada planta emergerá sin fin,
crecerán con goce los niños,
sus niños.
Entre la vegetación
correrán,
saltarán,
comerán sus frutos
que ayer sembraste,
nutridos por el vino que la Pachamama bebió.
Recordará sus nombres
la tierra hambrienta,
sanará sus heridas,
limará sus espinas
para que la acaricies.
Solo espero
que el río no frene su huida,
que no haya animal que coma
sin devolverle semillas.
El espejo diluido
entre las sierras
refleja
en cuerpo/alma
al animal humano.
¿Todos quieren reflejarse?
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