Luna blanca y estrellas de cristal para tu magia

miércoles, 11 de abril de 2018

Deshacerme

Solo espero que la tormenta sea fuerte
y justifique mi huida.

La casa está triste.
Los tonos van
del gris claro al gris oscuro,
no hay gama
de colores.

Y afuera,
el cielo va del azul oscuro al negro,
sin pausa.

Los animales se desesperan,
mugen,
aúllan,
pían,
y, a la vuelta de la esquina,
se encuentran dos separaciones
y
se distancian aún más de lo que estaban.

Anteriormente,
se sintió a flor de piel la calma,
se presenció
la paz en el rostro del anciano
a punto de morir.

Mi cabeza da vueltas dentro de sí misma,
porque, claro,
solo allí es libre de girar sobre su propio eje.

Y
la
casa
llora.

Las puertas se cierran temprano,
el viento queda golpeando fuera,
rasguña la puerta,
y las ramas
del árbol seco
se mueven en un baile tétrico de otoño.

Quedan vestigios de sol detrás de alguna nube,
restos rebeldes de luz,
obstinadas ondas.

Creo verme en el espejo,
sucio.
No soy yo,
solo un reflejo
con tinte mugriento,
filtro que anula mi esencia.

La humedad salpica,
se pega a mi piel como un disfraz
del cual
no puedo deshacerme.

Camino a paso moribundo,
miro
y todo a mi alrededor
lleva el mismo disfraz,
por lo cual
me siento un poco menos miserable.

Hay días
en que la casa es cueva
y no puedo visualizar
completamente
qué es real y qué es sombra de la realidad.

Sé que hay un sol fuera,
pero puedo negarlo con total frialdad.

En este momento
no hay nada
ni nadie
que pueda herirme aún más.

No hay rumbo.

Fuera,
todo está en pausa,
no hay movimiento en nada de lo que me rodea,
y esto es cierto:
la calma anticipa la tormenta.

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