Alguien pronuncia una palabra,
que, a primera vista, juzga como indefensa.
Alguien dedica una palabra,
la regala,
y, en ese instante, su significado muta.
Alguien que no sos vos ni tampoco soy yo
dispara al infinito una palabra que lastima,
pero, si nada la recibe, no deja heridas.
Designificar a la palabra hiriente,
cancelar la carga dividiéndola por ella misma,
reducir el peso con el cual estalla en la consciencia de quien la oye.
Sacar del lugar hiriente a ese conjunto de símbolos
que conforman la palabra,
poner, en cambio, en ese lugar,
a quien carga sobre ella un significado,
una imagen,
un recuerdo,
un sentimiento,
una sensación.
Nada de malo, nada de hiriente
tiene la palabra.
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