Luna blanca y estrellas de cristal para tu magia

domingo, 17 de febrero de 2019

Cristales

Hay un desfile de cuerpos.

Hay un desfile de cuerpos
con historias
que caminan.

La respiración marca sus pasos;
de esto depende
la rapidez con la cual crucen el camino.

No pueden observar.
Estos cuerpos ciegos
absorben, a través de su piel,
a través de los poros de su piel,
el calor que el asfalto emana.

Puedo verlos
mientras corro.
Veo en sus ojos fragmentos de historias cristalizadas,
brillos.

Quien se agita apacigua su ritmo,
controla las pulsaciones
de un corazón algo oxidado.

Es verano.
Las flores decoran el camino,
el cielo está limpio
y el sol impacta con todo su calor
en los cuerpos desnudos.

Permanezco a ritmo de trote
mientras todo avanza
o retrocede a mi alrededor.

La tierra se ajusta
y parece ser del tamaño de un parque.

El mundo,
a veces,
es del tamaño de un parque
o de una casa.

Todo depende de cuán grande
sea nuestro horizonte,
de la distancia a la cual fijemos la vista.

martes, 15 de enero de 2019

Vi que esperabas un poco más de mi

Te beso la boca y quiero quedarme,
ese gusto,
sí,
para siempre en mis labios.

Es tan dulce, mi amor,
lo siento solo cuando te beso a vos.

Tengo que olvidarte,
endulzarme en otro lugar.

La textura de tus labios
la extraño.
Me hace dudar de que todo fluya.

Ahora
las olas golpean
y el eco de tu voz se agudiza.

Quisiera estar lejos
y olvidarme:
lo que hicimos,
tus secretos,
los míos,
el lugar en el cual te gustaba tocar mi piel,
el momento exacto en que tu cuerpo
estallaba de placer.

Quisiera olvidarme de tus ojos
mirándome,
del olor de tu piel,
de tu respiración
cuando yo la inspiraba.

Lo disfrutaba, mi amor.
No puedo explicar la sensación.

Placer.

Dame un poco de eso para olvidar,
dame un poco.

Ya no quiero estar
acá.

Te extraño,
quiero olvidar,
quiero traspasar,
evolucionar,
ya no recordar la suavidad de tu cuerpo,
el gusto de tus labios,
el aroma de tu piel,
la textura de tus pies,
la melodía de tu voz,
la métrica de tu perfil.

Mucho de vos en estos versos,
poco de mí en la poesía.

Es que cuando hablo de vos
se refleja también un poco de mí.

Dicen que aceptamos el amor que creemos
nos merecemos.
¿Será así?

Quiero olvidar también
lo que creí que eras.

A CIEGAS

¿Alguien sabe cómo se siente la oscuridad?
¿Cómo es que se ve?
¿Cómo se adentra tan profundo en nuestro corazón?

Somos ciegos ante su presencia,
cegados.

Nos baña,
sumerge,
ahoga.

Caminamos temblorosos
por un llano repleto de obstáculos
que, por lo visto,
la oscuridad multiplica.

Las enredaderas toman nuestros pies,
nos arrastran cuerpo al suelo,
recorriendo cada recoveco
hasta llegar a una meta
que no vemos.

Las enredaderas,
tal como la oscuridad,
nos dejan ciegos,
nos nublan,
se reproducen rápidamente.

Son injertos
de otras miles de enredaderas,
clones,
estacas.

¿Cómo se ve la oscuridad?

¿Quién no la sintió alguna vez
escurriéndose por los espacios entre los dedos de las manos,
cayendo,
manchando el piso de madera,
hasta llegar al fin de su derrame,
dejando la huella?

Hasta que un poco de luz se filtra
entre algunas hojas,
entre los vacíos de alguna persiana,
entre la grieta de alguna pared.

Llega y rompe,
corrompe.

Solo viendo la luz percibimos la oscuridad;
solo al percibir la oscuridad podemos bañarnos de luz.

La mecánica de un corazón automático

Claramente, mi corazón no es una máquina.

Puede que a menudo lo confunda,
le otorgue adjetivos erróneos,
lo categorice,
lo cubra de antioxidante para que, con el correr del tiempo, no olvide cómo amar.

Las partecitas más pequeñas comienzan a atrofiarse,
los sonidos ya dejan de ser suaves
para convertirse en crujidos.

Ahí es donde confundo su naturaleza.
Parece metal.
Lo toco
y está frío.

Late
y parece marcar el tiempo,
no el ritmo vital de esta carne sostenida por los huesos.

Sigue, sí,
a pesar de todo esto,
bombeando los litros de sangre suficientes
para que el cuerpo pueda obedecer al cerebro.

Una mano se mueve,
un pie delante del otro en un ritmo coordinado y correcto,
la boca se abre y se cierra,
la nariz deja entrar y salir el aire suficiente
para poder alimentar a los pulmones y que ellos...
¿qué más da?

El motor del Dodge
era capaz,
a partir de la presión y la energía,
de hacer bajar y subir el pistón que transformaba la energía
en el movimiento que hacía girar los neumáticos,
la combinación de la nafta y la chispa
que enciende cualquier vehículo.

Sí, puede que a veces mi corazón
se parezca a una máquina,
en el tiempo libre del que se escapa
cuando no late apresuradamente por alguien.

Quisiera que no fuera tan frío
y mecánico,
pero es que, con el correr de los días
y de este mundo cada minuto más apresurado,
las definiciones se entrelazan.

La biología dice que los sentimientos radican en el cerebro,
no en el corazón.
¿Por qué los símbolos, la poesía, las películas
echan la culpa a este órgano de cuatro válvulas,
ubicado en el lado izquierdo, casi en el centro de nuestro tórax?

No lo sabemos.
Quizás unamos el sentir con los latidos,
quizás tenga una forma más amena,
quizás sea más poético.