Te beso la boca y quiero quedarme,
ese gusto,
sí,
para siempre en mis labios.
Es tan dulce, mi amor,
lo siento solo cuando te beso a vos.
Tengo que olvidarte,
endulzarme en otro lugar.
La textura de tus labios
la extraño.
Me hace dudar de que todo fluya.
Ahora
las olas golpean
y el eco de tu voz se agudiza.
Quisiera estar lejos
y olvidarme:
lo que hicimos,
tus secretos,
los míos,
el lugar en el cual te gustaba tocar mi piel,
el momento exacto en que tu cuerpo
estallaba de placer.
Quisiera olvidarme de tus ojos
mirándome,
del olor de tu piel,
de tu respiración
cuando yo la inspiraba.
Lo disfrutaba, mi amor.
No puedo explicar la sensación.
Placer.
Dame un poco de eso para olvidar,
dame un poco.
Ya no quiero estar
acá.
Te extraño,
quiero olvidar,
quiero traspasar,
evolucionar,
ya no recordar la suavidad de tu cuerpo,
el gusto de tus labios,
el aroma de tu piel,
la textura de tus pies,
la melodía de tu voz,
la métrica de tu perfil.
Mucho de vos en estos versos,
poco de mí en la poesía.
Es que cuando hablo de vos
se refleja también un poco de mí.
Dicen que aceptamos el amor que creemos
nos merecemos.
¿Será así?
Quiero olvidar también
lo que creí que eras.
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