¿Verdaderamente elegimos lo que se va de nuestra vida?
Deteniendo el tiempo,
en medio del movimiento,
logro ver que todo
avanza hacia la nada.
Apresuradas acciones
que generan reacciones
vagas,
efímeras.
Todo se mueve en la inercia misma de una vida que avanza
hacia la mínima energía
y el máximo desorden.
La vida,
el orden,
tienden a desordenarse y disminuir su energía.
La atracción se disipa
y deja nubes cargadas
de tensión entre los polos.
Desde la estaticidad de mi yo en un banco de madera,
y los ojos abiertos,
bien atentos,
veo esto:
cómo lograr que la rutina no consuma,
que la falta de dinero no dé hambre,
que el tiempo no se escurra
y, si se escurre,
que sea entre manos sin arrugas,
porque, si no, ya será tarde.